Citemos a la muerte
En la estela del humo del cigarro emanado de mi noche, solo divagaron mis viejos otoños sepia por cada patíbulo concordante con un recuerdo, una vida, una tragedia.
En las estelas sepia y terminadas del humo de mis ideas, sufragaron crepúsculos enteros al son de un vals argentino, al ritmo de una canción en el silencio.
En la sepia y antigua vida que antes me acompañaba, se fueron cada uno y cada milímetro de los pigmentos que hoy en su ausencia, me acompañan, en la copla, en la prosa.
Hoy, hoy la sepia es el único color vigente, verosímil, e inverosímil dentro de lo verídico, lo establecido y prosaico.
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